Profra: Arcelia Arce Arenas
Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar último Modelo, sin ningún tipo de precaución. De repente sintió un estruendoso golpe en la puerta y se detuvo.
Al bajarse, vio que un ladrillo le había estropeado la pintura y carrocería de la puerta de su lujoso auto.
Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo.
Dio un brusco giro de 180 grados y regreso a toda velocidad al lugar donde vio salir el ladrillo que acababa de arruinar lo hermoso que lucia su exótico auto.
Salió del auto de un brinco y agarro por los brazos a un chiquillo y empujándolo hacia el auto estacionado, le grito a toda voz:
-¿Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi auto? Y enfurecido, casi echando humo, continúo gritándole al chiquillo: - ¡Es un auto nuevo y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro! ¿Por qué hiciste eso?
-Por favor, señor, por favor… -¡Lo siento mucho! “No se que hacer”, suplico el chiquillo. -Le lance el ladrillo porque nadie se detenía… Las lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo mientras señalaba hacia el otro lado del auto estacionado.
- ¡Es mi hermano! Le dijo. Se desarmo su silla de ruedas y se callo al suelo… Y no puedo levantarlo. Sollozando pregunto al ejecutivo: ¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Esta golpeado y pesa mucho para mi solito…. Soy muy pequeño.
Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo trago saliva y un nudo se formo en su garganta.
Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levanto al joven del suelo, lo sentó nuevamente en su silla y saco su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortadas y lo sucio de las heridas del hermano de aquel chiquillo tan especial.
Luego de verificar que se encontraba bien, miro al chiquillo y este le dio las gracias con una sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie…. “Dios lo bendiga, señor… Y muchas gracias”- le dijo. El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano hasta llegar a su humilde casita…
Cuentan que el ejecutivo aun no ha reparado la puerta del auto manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo… para recordarle el no ir por la vida tan distraído y tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.
Reflexión: Dios normalmente nos susurra en el alma y en el corazón, pero hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillazo a ver si le prestamos atención. Igual pasa con los seres humanos cuando peleamos o exigimos respeto y nuestro lugar… que aparentemente nos dan y para ello tenemos que soportar muchas cosas que nos llegan a denigran… Tu escoges: “Escuchar el susurro o sentir el ladrillazo…”. A veces pensamos en las pequeñas cosas que en la vida se podrían conseguir y nos vemos como seres inferiores, conformistas, pero en realidad cuando deseamos esas grandes cosas como dinero, fama y que se yo, cualquier otra tontería superficial, al profundizar en esa y que gran búsqueda nos damos cuenta que ha pesar de todo igual somos infelices e incluso mucho mas de cómo lo éramos antes de obtenerlos. A mi juicio, en este ajedrez como lo es nuestra vida, debemos siempre de tratar de vivir a plenitud, siendo fieles, respetuosos, honestos, leales, amables, etc.… ya que si esto damos, exactamente eso recibiremos.
Gracias por leerme y cualquier comentario favor de hacerlo a: reflexionconarcelia@hotmail.com
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